Mito… Zeuz y los Titanes

La guerra de los Titanes

La guerra entre padre e hijo fue muy larga. La mayoría de los Titanes y de sus hijos se pusieron a favor de crono. Atlas, hijo del Titán Jápeto, los guiaba en el combate por que Crono se sentía ya muy viejo y cansado.

Después de muchos años en guerra, Zeus comprendió  que no podía ganar. Entonces Gea le aconsejo que pidiese ayuda a sus otros tíos, los Cíclopes y los Centimanos, que continuaban prisioneros en el Tártaro.

Un día, en silencio y con grandes precauciones, Gea acompaño a Zeus  hasta el Tártaro por caminos secretos  que solo ella conocía y los liberaron.                                                                       Los Ciclopes eran muy habiles en fabricar armas y, como prueba de su agradecimiento, regalaron  a Zeus el rayo, a Hades un casco que lo hacia invisible y a Poseidón un tridente.

Gracias al casco que lo hacia invisible, Hades se acercó a Crono y le robo las armas.                  Y mientras  Poseidón lo amenazaba con el tridente, Zeus le lanzo un rayo.                                  Los Centimanos, subidos a lo alto  de las montañas lanzaban contra sus hermanos Titanes una lluvia de rocas gigantescas que al caer al mar se convertían en islas, así se formaron las islas de Grecia.

Crono y los Titanes que lo apoyaban vieron que perdían la batalla, pero ya era demasiado tarde para huir. Los capturaron y los encadenaron en el Tártaro.  Atlas, hijo de Jápeto, que lideraba el bando contrario de Zeus, recibió un  castigo especialmente duro ya que fue obligado a sostener el cielo sobre sus espaldas.

Pero la paz no duro mucho tiempo, Gea intervino  de nuevo. No soportaba ver a sus hijos encerrados en el Tártaro, y se fue con los Gigantes, nacidos de las gotas de sangre de su marido Urano, para obligar a Zeus a liberar  a los Titanes. Pero Zeus salio victorioso de todas las batallas contra los Gigantes.

Así acabó el reinado de Cornos y los Titanes, divinidades poderosas y de fuerza descontrolada, y comenzó el de Zeus  y los dioses olímpicos.

Eugènia Salvador

Saludos